Cuando ya comienzas a volver a amar, a sentir, a valorar, disfrutas esos momentos a solas, tú y tus sentimientos. Todo se vuelve efímero, superfluo, titilante, comienzas a pisar firme, a flotar en libertad. Es aquel atardecer que me hizo saber que esa herida sanó, que se fue el dolor, llegó el perdón, que se fue el miedo y nació el amor propio. Cuando dejas aquellos medicamentos que te ayudaban a sobrevivir, comienzas a vivir, a no depender, a no huir, a pararte y mirar a los ojos sin llorar. Quiero que ese momento también llegue para ti, el duelo es un proceso de meses, años, incluso toda una vida, sólo nos aferramos a la esperanza y sonreímos. Hoy te abrazo en tu dolor, porque te entiendo, porque te quiero, porque sé que no importa lo que tarde, llegará el consuelo al mirar los ojos de aquellos p...